La Fluorescencia y la luminiscencia

Efectos de luminiscencia particularmente vistosos se observan a veces en los minerales. Estos efectos se pueden dividir en dos tipos: fenómenos de fluorescencia y de fosforescencia.

Fluorescencia. La fluorescencia se verifica cuando con un cierto ejemplar sometido a una radiación no visible emite luz visible y la emisión desaparece inmediatamente al cesar el lanzamiento de rayos. En casi todos los casos, la radiación no visible tiene una longitud de onda más corta que la de la luz, se tiene, por tanto, fluorescencia con los rayos X, con los rayos gamma emitidos por sustancias radiactivas y sobre todo con los ultravioletas. En algunos museos de mineralogía existen vitrinas especiales, conservadas en la oscuridad, de las cuales surgen, de luces ultravioletas, curiosas iluminaciones para los minerales, los cuales emiten luz visible y no parecen propias.

Existen en el mundo mineral numerosos ejemplos de material fluorescente en una variedad sorprendente de colores: del rojo intenso de la calcita manganisífera al violeta de ciertas fluoritas, al blanco de diversos ejemplares de yeso, al amarillo-verde intenso de algunos minerales de uranio (autunita uranocircita), de la willemita y de cualquier hidrocarburo, del naranja de algunas sodalitas y así en adelante. Puesto que la luz ultravioleta a su vez no está constituida por una única longitud de onda existen sensibilidades distintas de los minerales expuestos a rayos ultravioletas de distinto tipo por ejemplo, la mayor parte de las fuentes de luz ultravioleta están constituidas por lámparas de vapores de mercurio en las que la luz emitida viene adecuadamente filtrada para eliminar la parte visible del propio mercurio.

Entre las líneas del espectro ultravioleta del mercurio existe un grupo muy intenso próximo al visible (casi al violeta), con longitud de onda de 366 nm. (un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro y el espectro visible va de 400 nm. en el violeta a cerca de 700 en el rojo oscuro); existe, además, otra línea intensísima a 257 nm., o sea, una longitud de onda mucho más lejana que la visible. La luz correspondiente a 366 nm. se denomina ultravioleta de onda larga y se obtiene de los generadores poco costosos (en la práctica, lámparas especiales), mientras que la rica en radiaciones de longitud de onda 257 nm. se denomina comúnmente ultravioleta de onda corta. Hay minerales como, por ejemplo, la fluorita y la calcita que son excitados por la luz ultravioleta de onda larga, mientras que otros (como la scheelita y ciertos zirconios) son sensibles solamente a radiaciones de onda corta; además, otros como la autunita responden a ambos tipos de radiación. Mejor aún, puesto que no hay un límite bien definido entre la luz visible y la ultravioleta, algunos minerales ya son excitados por la propia luz visible (sobre todo por la parte violeta del espectro). Por ejemplo, la fluorita, a a veces, a la luz del día emite una luz extraña violeta, que no es el color del mineral, pero que sale fuera del fragmento, un poco como ciertos carteles fluorescentes que se usan en publicidad y que no disfrutan de tal fenómeno por casualidad. A este propósito, los efectos más vistosos se obtienen con las famosas fluoritas verdes de Weardale en Durham, que parecen verdes o violetas según la dirección en que se las mira.

Fosforescencia. La fosforescencia, por el contrario, consiste en la emisión de luz visible sin acción contemporánea de otras radiaciones excitantes. Este fenómeno, que es fuente de notable diversión, observando algunos productos artificiales con los que se construyen objetos más o menos útiles, está presente también en los minerales, aunque no es tan frecuente y vistoso como la fluorescencia. Quizá los efectos más notables son los de ciertos ejemplares de yeso que son fluorescentes en blanco en las radiaciones ultravioletas y que sustraído rápidamente a la acción de éstas emiten por breves instantes una luminosidad amarillo-citrina. Otro caso muy semejante se puede observar con algunos ejemplares de aragonito procedentes de vetas en las serpentinas.

Minerales atractivos e instructivos. La recogida de ejemplares fluorescentes y fosforescentes se presenta, por tanto, interesante y apasiona notablemente a algunos coleccionistas. Esto da pie a materias didácticas para aumentar el conocimiento sobre el estado sólido, aparte de las aplicaciones tecnológicas que se derivan de ello: pensemos, por ejemplo, en el problema de los televisores en color, los cuales están constituidos por materias fluorescentes en tres colores (fundamentales) distintos y excitables en modo selectivo por rayos de electrones de energía más o menos elevada.

ENCICLOPEDIA LOS MINERALES, Ediciones Nueva Lente, página 199