La valoración de los minerales. Árdua tarea.
La refracción.
Cuando un rayo de luz entra en un medio transparente y, por tanto, también en una piedra preciosa, se desvía formando un cierto ángulo cuya amplitud depende del mayor o menor valor del cambio de velocidad. Tal disminución de velocidad se debe a su vez al roce provocado de las partículas que forman el material: este fenómeno óptico se conoce con el nombre de refracción.
El índice de refracción.
Por índice de refracción (I.R.) de una gema se entiende la relación entre la velocidad de la luz en el aire (aproximadamente 300.000 km/seg.) y la velocidad de la luz en el mineral (que en el diamante desciende a sólo a 125.000 km/seg.). Si hacemos la división (300.000:125.000) resulta que el índice de refracción es en el caso del diamante muy alto, aproximadamente de 2,4. En definitiva, este mineral, si bien es transparente, ralentiza muchísimo el paso de la luz. La determinación del I.R. constituye en gemología un importantísimo examen de diagnóstico porque a cada tipo de gema le corresponde un determinado valor dentro del índice de refracción. Esta prueba se efectúa en laboratorio con un instrumento denominado refractómetro.
La dispersión.
El fenómeno de la dispersión consiste, por el contrario, en la capacidad de un medio transparente de descomponer la luz blanca en sus siete colores del espectro, dando un abanico que va del rojo (el menos desviado) hasta el violeta (el más desviado). Esta franja de colores divergentes desde un único origen es más o menos larga según el material, por lo que la medida de dispersión también es una importante prueba de diagnóstico. Tal coeficiente en el diamante es alto y corresponde a un 0,44 (en el cuarzo, por ejemplo, es solamente un 0,013). El efecto de la dispersión que recuerda un poco el arco iris es evidente sobre todo en las gemas incoloras o ligeramente coloreadas caracterizadas por un coeficiente superior a 0,025.
ENCICLOPEDIA LOS MINERALES, Ediciones Nueva Lente, página 56




